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Matanza de Texas al estilo vegetariano

Que el circo cada vez es menos para niños, es un hecho constatado. Y la evolución hacia un panorama circense normalizado y europeo implica que cada vez más, sean los adultos quienes vayan al circo entendiéndolo como una disciplina artística más. En el caso de Devoris Causa, esta evolución hacia la madurez es, más que evidente, incluso necesaria. Desde los ojos de un adulto es complicado saber qué sería la reacción de un niño ante el espectáculo de los Escarlata Circus, ganadores del último premio nacional de Circo. Y esta reflexión se impone delante de la perturbadora sensación de que dejan Jordi Aspa y Bet Miralta al acabar la representación. El personaje de él presenta alguna clase de desequilibrio, alguna alteración psicológica, algunos brotes de psicosis plasmados en gritos y movimientos espasmódicos, divertidísimos pero con un cierto punto inquietante. Y ella aporta un contrapunto muy dulce, hasta que entran juntos en una vorágine destructora que deja un cierto mal cuerpo. Sin dar detalles, acaban pareciendo uno de los cuadros más impactantes de Goya, donde el protagonista es Saturno. Son como los protagonistas de La matanza de Tejas, pero sin sangre ni hígado. Sólo hay hojas y cachos de zanahoria. Pero evidentemente, quizás niños y niñas no se verán tan impresionados por juicios de valor sobre los caracteres de los personajes, o no encuentran esta oscuridad tan perturbadora viniendo de dos personas que hasta hacía pocos instantes hacían petar de risa. Allá dónde no hay dobles interpretaciones es en la brillantez de la escenografía, que transformó el interior de La Mercé en una improvisada carpa de circo. El espectáculo, que cuando inicie la gira catalana se representará efectivamente en una carpa al uso, estos días ha sido adaptado para crear la magia circense en un espacio cerrado. Bancos dispuestos en semicírculo y un escenario a modo de pista acercaron el público a los dos actores. Y por si no estuvieran lo suficiente cerca, los dos payasos - por denominar su trabajo de alguna manera «al uso» - van a pasearse en numerosas ocasiones por las primeras filas. Tampoco desvelaremos en este punto los motivos que los podían traer a visitar el respetable de tan cerca. Y efectivamente, los cinco sentidos son bien presentes a Devores causa: el olor de la comida acabada de hacer, el gusto de esta, el tacto. Y evidentemente, los dos más habituales al teatro (y al circo), oído y vista, aquí son estimulados con fuerza. Una propuesta de la cual disfrutar con intensidad, pero con dos interpretaciones: la peculiar, extraña e incluso grotesca; o la más inocente, la de los niños.

MARTA PALLARÈS

Diari de Girona

Lunes 1 de diciembre de 2008

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