Ritual caníbal verdulero
Auditorio de La Mercé, son las cinco de la tarde, es domingo y el frío congela el ánimo. Entramos con ánimo ligero, abrigados hasta la punta de la nariz, las manos a los bolsillos. Dentro, pero, no hay nadie, no hay nada. Estúpidamente nos vamos mirando los unos a los otras, estamos desamparados. Murmuros como de brisa. Ahora se abre un poco una cortina, la cabeza de una mujer nos invita a seguirla. vamos, cumplimos las indicaciones y entramos en un antro de pequeño. Delante nuestro un cocinero enorme con camiseta de albañil, bombachos atados con un cordel y zapatillas; paella a la mano baraja un potaje de verduras, el tufo aromático lo empalaga todo. A la cabeza lleva un casco del cual sale un brazo metálico que acaba en un copo de luz. La herramienta-lámpara es una farola en la cocina. Hay una barra de madera y un fogón, enseres a chorros y, al fondo, una puerta clara; al borde una mesita redonda tapizada, un colgador, sillas y una radio que murmura. Todos estamos apilados, derechos, nos fascina el tipo y como nos mira, mientras rasca la herramienta hace grima. Intentamos imaginar cosas. Detrás nuestro una cortina blanca lo rodea todo. Con un gesto se nos invita a hacer una cata. La ama de casa reparte unos cucuruchos llenos de una pasta enigmática hecha de verduras. El hombre va llenando, la mujer las reparte inquisitoriamente. Una musiquilla de los años 50 repica al trasfondo. De golpe se levantan las cortinas y vemos al última unas gradas montadas de madera. vamos entre sonrisas enigmáticas. Al sentarnos tenemos allí unas cucharitas para ir comiendo el fárrago. De la penumbra, la pareja diabólica empieza su danza torpe. Como si fueran un par de niños reproduciendo momentos de circo en una feria imitan pájaros, juegan con sillas, lanzan cuchillos, adiestran y hipnotizan un pavo impresionante..., de alegría ríen y disfrutan; muestran una tierna y amorosa manera en deleitarse mientras gestos de sadismo persisten constantes y nos inquietan. En medio de un chorro de verduras, de tajantes y cheiras afiladísimas escogen, sisan, pinchan; entretejen, hacen y paren una clase de... Y entonces él, esgrima en la mano el enorme cuchillo, y mirando fijo con ojos desorbitados... Escarlata Circus ha creado un espectáculo inaudito, de humor grotesco y primario, de espíritu feriante y desclasificado, fuera de todo parámetro, de gran originalidad y no ausente de intencionalidad. Partiendo de la manipulación de objetos y dotándolos de humanidad consiguen un tipo de ilusionismo trágico en qué vemos nuestra indigna condición lleno de un aire inquieto y reconocido que violenta los límites convenidos. Los dos intérpretes, Jordi Aspa y Bet Miralta, personifican la insania más enternecedora mientras infunden una desazón perturbador, siempre en el límite que balancea la broma y la alienación. Fabuloso!
JOAQUIM ARMENGOL
El Punt
Miércoles 3 de diciembre de 2008
Escarlata Circus
bet@escarlata.com aspa@escarlata.com
carrer Major, 25
08461 St. Esteve de Palautordera (Barcelona) España
Tel. +34 938 451 990